Ayer ocurrió

Era algo esperado pero contenido como si de un pecado se tratase. Tantas veces soñado y despertado porque justo donde nacía la esperanza empezaba el temor. Tantos años callando y gritando por no poder más. Hablo de la paz, sí. La paz en Euskadi. Que parece que cuesta hasta decirlo.

Ayer ocurrió algo. Tanto tiempo esperando que cuando ha llegado no. No sé. No ha correspondido a la esperanza que durante años se mantuvo reprimida. Un amor idealizado que cuando se hace carne sorprende por realista, seco, sin el aura que se esperaba. El fin de la violencia. La de las armas, la del exilio, la extorsión y el terror.

La paz y la democracia son así. No se iluminan en una noche de fin de fiestas. La paz y la democracia son lentas, a veces incluso invisibles, no se ven si no es en perspectiva.

Hoy arranco al crítico, al pesimista, al que no sabe medir la paz y la democracia en decadas, en siglos. A esos les niego los años de crítica contra el optimismo. Blanda lucha y resistencia de todos los que viven en ellas. Pero también de los que lo hacen con los dientes y el trabajo sin pensar en los atajos que ofrecen los pesimistas.

Paz, sí paz.

Paz por muchos años en la verdadera fe que es el optimismo y la bondad del ser humano.

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