El error de Descartes

No hay razón sin emoción y esta nace de nuestro cuerpo. Cuerpo y mente sólo son divisibles como ideas. Si la razón necesita del impulso de la emoción. La emoción sin la razón no pasa de ser la lombriz que se arrastra. Escucha a tu cuerpo cuando te habla, cuando te hace ver, oler, oir y después razona sobre lo que te dice. Y cuando hayas razonado, vuelve a escucharlo. Sólo entonces habrás tomado una sabia decisión.

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